Opinión

¿Qué me pasa, doctor?

Hace tiempo que no escribo nada personal y esta vez me apetecía contar algo que aunque relacionado con el automovilismo, no fuese tan técnico como habitualmente.

Hablar sobre cómo se llega a un nivel de obsesión como el que tengo con cualquier cacharo que tenga motor y ruedas puede resultar interesante. O al menos a mí me lo parece. Y este es mi blog y escribo lo que me da la gana.

Lo cierto es que no sé cuándo empecé a mostrar interés por los coches, diría que siempre tuve especial interés por cualquier artefacto mecánico, ya fueran relojes o aviones.

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De muy pequeño recuerdo leer y releer el tomo de “Máquinas que ruedan” de la enciclopedia Larousse de los Pequeñines, dibujando de vez en cuando alguna de esas máquinas que aparecían en el libro e ideando formas de fabricarlas yo mismo. Este es un tema recurrente en toda mi vida, ya lo veremos más adelante.

Estoy seguro de que en gran medida contribuyeron los coches que tuvimos en casa durante mi infancia. Sin ser coches especiales, sí eran coches que a mi me fascinaban. Durante los 10 primeros años de mi vida en casa teníamos un Citroën GSA Palas, un coche con tantísimas peculiaridades que lo hacían diferente a cualquier otro automóvil que conociese. Los cuadros de mandos eran, para la época, extremadamente futuristas, como también lo era la suspensión hidroneumática y su motor bóxer de 4 cilindros y 1.7 litros de cilindrada.

Uno de los juguetes de los que guardo mejor recuerdo fue un Ferrari F40 de radiocontrol de color blanco con el que jugaba continuamente. Por supuesto jugaba también con las míticas miniaturas de majorette que usaba para, en una pequeña cuesta, hacer carreras con mis amigos. A fin de mejorar los coches y que bajasen mejor, pasaba tardes haciéndoles modificaciones (realmente desatinadas) como aligerarlos tanto como podía, llegando incluso a lijar la carrocería.

Por suerte, y aunque mi padre nuca tuvo una obsesión como la mía por los coches, debido a su trabajo en el RACE nunca faltaba material automovilístico en casa. Desde catálogos de presentación de modelos o merchandising de diferentes marcas a alguna revista del automóvil o incluso algún coche de Scalextric. Recuerdo leer las Top Auto y Motor 16, sobre todo dos números en especial; en el primero había un reportaje de un coche fabricado por Yamaha con motor V12 de Formula 1 y en el segundo, el reportaje principal presentaba un nuevo modelo de la marca Lotus. La unidad fotografiada en la revista era un Elise S1 de color azul.

En cuanto a catálogos recuerdo con especial nostalgia el del Peugeot Quasar, que contenía una carpeta de fotografías de una calidad espectacular y que creo que aún conservo.

Peugeot Quasar
Imagen de catálogo

Pasaba mañanas de verano completas dibujando el Yamaha OX99-11 y el Peugeot Quasar, imaginando las modificaciones que haría a esos coches para, a mi juicio, conseguir mejorarlos. Parece que no es de ahora que lo que más me guste del automovilismo sea cacharrear en los coches e imaginar cómo los podría optimizar.

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Peugeot Quasar. No tengo ni idea de qué significan los números que hay anotados.

También por esos años, quizá un poco antes, en 1992, tuve mi primer PC y con él los primeros juegos de coches; el primero fue “OutRun”, al que pronto siguió, cómo no, “Lotus III: The ultimate challenge” (siempre me obsesionaron los coches ingleses). Pero diría que sin duda el juego que marcó un antes y un después en mi pasión por el automovilismo fue “Need for Speed” allá por el año 1994. En él podía conducir los coches que veía en las revistas como el Porsche 964, Dodge Viper y Honda NSX, y además disfrutar de los comentarios de la gente de Road & Track.

El tiempo que no pasaba ensoñando la fabricación o modificación de algún cacharro o jugando con el ordenador, lo dedicaba a coleccionar maquetas a escala. Llegué a tener una colección de nada menos que 120 modelos. Todavía conservo muchas de las maquetas, aunque me deshice de gran parte de la colección.

Según me iba haciendo mayor, mis amigos cambiaban a gente más afín a mis aficiones. En el grupo de amigos de la adolescencia todos éramos, algunos más y otros menos, unos apasionados del motor y pronto todos nos habíamos hecho con una moto.

Y así llegamos a mi primer contacto con el mundo del motor desde el asiento del conductor, que no fue en un coche como cabría esperar (obviando las múltiples y frecuentes visitas a los circuitos de karting), sino en una moto de 50cc. En mi caso una Aprilia RS50.

Aunque llevaba unos días oliéndome el pastel, recuerdo la noche de Nochebuena, cuando mis padres me regalaron la moto, como uno de los momentos más felices de mi vida. Y también recuerdo la semana o dos semanas que tardé en tener la licencia de ciclomotor como uno de los periodos más agónicos de mi existencia.

Cómo no, la Aprilia duró muy poco tiempo de estricta serie. A los pocos meses de tenerla ya había aumentado la cilindrada a 74cc y había cambiado el carburador, escape, lumbreras, filtro… todo lo susceptible de ser modificado para conseguir alguna mejora de rendimiento.

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Ahora entendéis por qué quiero restaurar la RS125 con estos mismos colores.

El lugar oficial para juntarse el grupo de amigos cada tarde no era la habitual por aquel entonces sala de recreativos, sino el taller de ciclomotores del pueblo de al lado.

Con la mayoría de edad llegó mi primer coche, el Opel Calibra V6 del que ya hablé en entradas anteriores. Con él comencé a saborear realmente el disfrute de la conducción; pero no fue hasta unos años después, cuando casi de forma simultánea me hice con el Opel GT y empecé a salir decarreteres®, cuando definitivamente en mi cerebro dejó de haber lugar para poco más que coches.

Del resto de la historia estoy tratando de dejar testimonio escrito con este blog.

1 comentario en “¿Qué me pasa, doctor?”

  1. Debo ser entonces uno de los pocos amigos que no siente tanta pasión por motores y máquinas. Yo veo algunos coches más como obras de arte o piezas de museo que como mecanismos. Es estupendo amar algo con tanta pasión como lo haces tú. Otros no somos tan intensos pero quizás tenemos intereses más diversos.

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