Monturas

Prueba – Jaguar E-Type 4.2 Series 1

¿Quién en su sano juicio se negaría a dar un puñado de vueltas en un pequeño circuito con uno de sus coches fetiche? Por supuesto, yo no.

Aprovechando mi primera visita al Museo Nacional del Automóvil de Mulhouse, me animé a probar uno de los coches con los que he soñado casi toda mi vida, desde que vi por primera vez un modelo de Scalextric de este Jaguar.

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El Jaguar E-Type es el estándar con el que se ha medido a todos los deportivos del fabricante inglés desde su presentación en el Salón del Automóvil Ginebra allá por el año 1961. El diseño atemporal de Malcom Sayer, responsable también de los C-Type y D-Type, hace de este coche uno de los clásicos con mayor personalidad y más deseables de cuantos se pueden encontrar en el mercado.

En sucesivas actualizaciones del modelo se fue perdiendo parte de la pureza del líneas del original, pero esta primera serie con los faros carenados, la gran toma de aire únicamente atravesada por una lama horizontal y las líneas más suaves que en sus predecesores hace de él uno de los automóviles de mayor belleza jamás diseñados. No en vano es uno de los seis únicos coches en exposición permanente en el Museo de Arte Moderno de Nueva York.

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A pesar de que las soluciones técnicas adoptadas por este modelo, con suspensiones independientes en ambos ejes y frenos de disco en las cuatro ruedas, hace falta recalibrar los modernos estándares de comportamiento a los que estamos acostumbrados para poder disfrutar plenamente de él.

Lo primero que me sorprendió del E-Type cuando me dispuse a salir de la plaza de aparcamiento es lo extremadamente pesada que esa la dirección, sin ningún tipo de asistencia, que de hecho me hizo sudar para mantener el volante en la posición que quería en cada momento durante la prueba. No sé si esto se debía a algún problema con la unidad que probé, o realmente el peso del motor de 6 cilindros en línea en el frontal del coche hace que girar requiera ese esfuerzo en todos los Jaguar E-Type.

A los mandos de este GT se va muy cerca del suelo. Tiene muy poco hueco para las piernas, quedando als rodillas muy cerca del volante. Incluso una persona no especialmente alta como yo, tiene problemas para encontrar espacio suficiente. Desde aquí el frontal parece aún mayor. El larguísimo capó fue diseñado con tan características proporciones para conseguir que el motor se situase por detrás del eje delantero, de modo que se pudiese obtener un mejor reparto de pesos al utilizar un esquema de motor central-delantero.

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Sé que me repito en exceso con el sonido de los coches que pruebo, pero es que para mí es una de las características más importantes de un motor. ¿Para qué quieres que el coche sea muy rápido si no te arranca una sonrisa cada vez que aceleras? Pocos sonidos hay más característicos que el emitido por los 6 en línea de Jaguar, quizá solamente el de los bóxer de Porsche sea igual de reconocible.

Conducir un coche de la era dorada del automovilismo tiene mucho más de evento que ponerse a los mandos de un coche moderno. El olor a gasolina de los carburadores, mezclado con el olor del cuero nos recuerdan que estos coches se disfrutan con todos los sentidos.

El motor de 6 cilindros en línea y 265cv empuja con fuerza incluso si lo comparamos con deportivos modernos. Llama especialmente la atención la potencia en la parte baja del cuentavueltas, aunque un cable del acelerador que no estaba en perfectas condiciones hace que dosificar el gas sea ligeramente más complicado de lo esperable. La caja de cambios, diferente en este 4.2 a la que montaban las primeras unidades, tiene un accionamiento preciso y de tacto metálico que invita a hacer uso de ella en todo momento, aunque con la flexibilidad que muestra el 6 en línea apenas se hace necesario.

Como comentaba un poco más arriba, guiar la dirección en curva exige un esfuerzo como nunca había experimentado en otro coche, a lo que tampoco ayuda que el (hermoso) volante de madera resbale entre las manos más de lo que me gustaría.

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Ese mismo día pude conducir también un Austin Healey 3000, un coche con un concepto muy diferente al del E-Type, más deportivo y no tan enfocado a atravesar continentes a altas velocidades y con total confort. De este coche, mucho más ágil y divertido en carreteras reviradas, hablaré en otro artículo.

Bajo estas líneas podéis admirar la belleza de otro E-Type de la primera serie que pude fotografiar en Grand Basel.

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