Monturas

Dodge Viper RT/10

Aprovechando la semana de navidad, en la que vuelven a estar disponibles los coches de alquiler del museo de Mulhouse, nos acercamos a probar el Dodge Viper RT/10, un coche que siempre quise conducir y que incluso llegó a estar en las primeras listas de futuribles hace un año, antes de la compra del Vantage.

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De este coche se ha escrito mucho, y con los años ha ido ganando cierta fama de coche difícil de conducir y mal acabado, algo así como un motor enorme, cuatro ruedas y nada más. Sin duda el motor es lo más destacable de este coche, pero no me parece que sea lo único reseñable de él.

Es un coche maravilloso en todos sus aspectos. Mi única pega es quizá la posición de conducción y su ergonomía. Con mi 1’77m y llevando el asiento en su posición más adelantada llegaba con dificultad a accionar el pedal de embrague completamente. Los pedales, además, están extremadamente desplazados hacia la izquierda, mucho más que en cualquier coche que haya probado, aunque saber que ese desplazamiento se debe a la necesidad de espacio para albergar un descomunal V10 de 8 litros de cilindrada hace que lo aceptemos de muy buen grado.

Al accionar el contacto el chasis se estremece como si se tratase de una jaula para pájaros en medio de un huracán, las inercias del 8 litros tienen que ser impresionantes.

El responsable del museo nos advirtió en repetidas ocasiones que no deberíamos pisar gas de forma excesiva en las curvas sobre todo en primera. Con las condiciones del asfalto ese día, en el que la temperatura no era superior a los 0 grados, y el tipo de neumáticos que monta, no iba a ser yo quien desoyese sus consejos, pero aun así me fue perfectamente posible disfrutar de las enormes capacidades del motor de este Viper.

 

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Qué decir de su motor, empuja con una fuerza sorprendente casi desde el ralentí. Probé a salir de curvas en 3ª a muy poca velocidad y sus recuperaciones son fulgurantes, aderezadas además con el maravilloso sonido de los escapes laterales, sonando justo al lado de nuestros oídos.

Pese a no disponer de dirección asistida y montar neumáticos de 255mm de ancho en el eje delantero, en ningún momento se echa en falta cualquier tipo de asistencia, el tacto de la dirección es mucho más ligero de lo que cabría esperar, y sorprendentemente preciso y comunicativo para alguien que, como yo, esté acostumbrado a conducir únicamente coches equipados con asistencia a la dirección.

Los frenos me recordaron un poco a los Citroën de hace unas décadas, con muy poco recorrido y mucho mordiente en los primeros milímetros de accionamiento del pedal.

En este pequeño circuito, por el que se puede decidir circular por un óvalo exterior o unas pequeñas curvas en S, pude comprobar que el chasis tiene un comportamiento muy similar al de mi estimado Opel GT. Ambos entran muy planos a la curva, y dan cierta sensación de ligereza en el eje trasero, nada que sus neumáticos no sean capaces de gestionar sin problemas.

¿Compraría este coche? Sin duda. Cada vez estoy más convencido de que la mala fama de los coches americanos en Europa es completamente infundada y que de hecho son coches muy capaces e incluso poseen ciertas características muy superiores a las de sus equivalentes europeos.

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