Opinión

Opinión: 2007 el ocaso del automóvil

De camino al trabajo esta mañana reflexionaba sobre cómo ha cambiado el panorama automovilístico desde la crisis de 2007. Por aquel entonces, aunque la moda SUV ya hacía estragos sobre todo con el Cayenne, el mercado estaba repleto de coches realmente interesantes, diseñados por y para amantes del motor.

Pero en 2007 todo cambió, comenzamos con el downsizing, perdiéndose por el camino muchos de los propulsores más interesantes; la moda SUV siguió creciendo, y además extendiéndose a todos los nichos de mercado, acaparando ahora desde el nicho de compactos, hasta el que hasta entonces estaba reservado a las berlinas de lujo. Incluso tenemos que sufrir aberrantes SUV coupé como el BMW X6 o descapotables como el Evoque cabrio. Para favorecer el ahorro de combustible se implantó la inyección directa en todos los motores de gasolina (en otro artículo veremos las nefastas consecuencias de este cambio en la fiabilidad, consumos y contaminación a largo plazo) y para terminar de acabar con el mundo del motor estamos presenciando el nacimiento del vehículo eléctrico y autónomo que trae consigo el sesgadísimo endurecimiento de las leyes de emisiones.

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El sinsentido llevado al extremo

La moda SUV ya nos hace vislumbrar que los departamentos de ingeniería pierden paulatinamente peso en las decisiones de diseño de cada nuevo modelo, y esto es mucho más patente cuando observamos detenidamente casi cada coche nuevo que sale al mercado; repletos de falsas salidas de escape, falsas tomas de aire o enormes alerones sin ninguna función. Los departamentos de marketing llevan el mando en todo el proceso de toma de decisiones.

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Escapes falsos
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Falsas tomas de aire

La tendencia es dar cada vez menos importancia a la mecánica en sí, siempre y cuando ésta haga que los números sean mejores en cada iteración. Ya no importa si conduces un V8 o un V12, no importa cómo suena, tampoco importa lo integrado que se sienta el conductor en la experiencia de conducción, todo se resume a mejorar los números en cada nueva versión. La elegancia y las líneas fluidas desaparecen para dar paso a formas artificialmente musculosas, sobrecargadas y arrabaleras. Eso es lo que vende en un mercado donde el público cada vez tiene menos cultura automovilística.

Hay dos razones para este cambio en el mundo del automóvil. La primera es la pérdida de peso específico de los mercados europeo y americano, con gran tradición automovilística, en favor de los mercados árabe y asiático. Por otra parte, lo que una vez se vio como símbolo de libertad y disfrute, no se ve más que como una forma cara y engorrosa de ir del punto A al punto B por las generaciones más jóvenes.

Vamos a detenernos a disfrutar de una imagen del coche que para mí es el cenit del automovilismo moderno tanto mecánicamente como en lo que a diseño se refiere; digo automovilismo moderno porque ya nada se puede comparar a aquellas obras de arte como el Talbo Lago “gota de agua” o el Bugatti Atlantic.

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Y ahora vamos a escuchar el sonido de su motor.

Siguiendo con mi reflexión de esta mañana, traté de pensar en algún coche diseñado después de 2007 con un carácter similar, algo que con sólo escucharlo consiga erizarte el pelo. Nada. Absolutamente nada. El sucesor de este Porsche Carrera GT es un coche híbrido con cambio automático y tracción total, donde es su centralita quien decide no sólo dónde están los límites, si no también cual es la forma más efectiva de llegar a ellos. Algo bastante similar pasa en Ferrari, por no hablar de Bugatti, con un monstruo que ronda las 2 toneladas, 1500cv (4 turbos mediante) y 16 ordenadores controlándolo todo.

Incluso el fabricante actual que se puede considerar lo más similar a aquella Bugatti de los años 30, Pagani, sustituyó el maravilloso Zonda por un coche que, aunque por supuesto sería estúpido poner en duda que sigue siendo maravilloso, no tiene el carácter del anterior.

Comparemos el sonido de uno y otro:

Los superdeportivos siguen teniendo encanto, sin duda, pero si nos vamos más abajo en las gamas de los fabricantes las cosas se ponen mucho más desalentadoras.

Allá por el año 2004 BMW presentaba al mundo su berlina media deportiva M5 E60, con un motor V10 atmosférico bajo el capó. Poco después Audi haría lo propio con su S6, animado por un motor V10 de 5.2 litros de origen Lamborghini. Desde entonces los motores V10 han desaparecido casi por completo del mercado, quedando únicamente representados por el Lamborghini Huracán y el Audi R8. En sus últimas generaciones tanto el S6 como el M5 utilizan el equipo de sonido para emular sonidos de escape más agradables.

Seguimos bajando y pensamos en las versiones más altas de la gama Honda Civic y Volkswagen Golf. Antes de 2007 Honda tenía en el mercado el Civic FN2 Type R, su último Civic atmosférico; Volkswagen por su parte comercializaba la última versión del Golf R32, con su maravilloso motor de 6 cilindros en V estrecha. También atmosférico, por supuesto. Y ambos con cambio manual, al menos como opción.

Crucemos los dedos para que, al menos, nos permitan seguir circulando con nuestros hierros cuando todo el mundo se desplace de un lugar a otro sin absolutamente ninguna emoción en sus salones rodantes diseñados con el único propósito de suplir el tamaño de su órgano reproductor.

 

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